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miércoles, 1 de junio de 2016

La partida


Tenía que alejarse, así lo pensó varios días antes y así quería llevarlo a cabo.  Pero no resultaba tan fácil dejar todo lo que conocía hasta ahora, partir y comenzar de cero.

Demasiado tiempo entre silencios, demasiados pecados callados y perdonados, demasiadas cosas pequeñas que acabaron siendo una gigantesca pelota imposible de hacer rodar. Entre un hoy que se abre ante ella, y un ayer que la hundía en el infierno, la decisión estaba tomada. –Y ¿adónde irás? –La pregunta de su mejor amiga resonaba como un eco en su cabeza. Ella, encogiéndose de hombros no respondió enseguida. –Tendrás noticas mías, no te preocupes. –Acabó diciéndole mientras deseaba que no volviera a insistir en ello. –Comprendo, si cortas lo haces con todo y ... –Dudó – ... Con todos.


Así tenía que ser, por ella, por su salud, por su vida y por su futuro. Nadie la esperaba, nada la retenía más que el miedo y de una vez por todas debía dejarlo atrás antes de que fuera demasiado tarde. 

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viernes, 27 de mayo de 2016

Diario



Escribí un diario, sí, sé que lo escribí hace ya muchos, muchos años. Hoy la tarde me invitó a recordar aquellas páginas, todas las cosas que en ellas yo anotaba fervientemente y pensando que eran momentos únicos. Con la vida todo cambia, incluso las ganas de plasmar más y más rutinas, días interminables que pasan si ton ni son y lo que es peor la rutina que sin verla, pesa más y más por momentos... Sí, yo escribí un diario en algún momento y hoy, al reencontrarlo me he dado cuenta de como se escapa la vida mientras el mundo sigue con su gira y gira.

“...Las manecillas del reloj se pararon sin más, solamente precisaban unas manos que dieran cuerda a su mecanismo, sin embargo no me apetecía escuchar su tedioso tic-tac inalterable, el aire parecía detenerse tras las cortinas, de poco sirvió abrir puertas y ventanas, nada se mueve incluso el sonido parece haberse detenido. A lo lejos las nubes oscurecen el cielo, tal vez llueva​, ​ ​mientras, un grillo despierta de pronto e inicia su cri-cri rompiendo el silencio de la tarde. Observo las verdes hojas de los árboles del jardín, esperan un hálito de brisa sobre la que mecerse y se mantienen a la espera. Tediosa tarde, estío de calor insoportablemente adherido a la piel que emana gota tras gota un sudor tan repelente como inevitable. La duermevela se apodera del entorno y los ojos sucumben a esa puerta entreabierta del mundo al que denominamos "sueños". Por arte de magia tengo ese diario entre mis manos, brillante, nuevo, recién estrenado, puedo leer la primera de sus páginas.

Mi nombre no es importante, voy a llamarme "Ilusión" a partir de hoy...

Sonrío, siempre desde la perspectiva de los sueños, y entonces tomada de la mano de mi diario, recorro muchos momentos de mi vida, unas cuantas alegrías y unas muchas decepciones, caligrafía precisa en ocasiones, y letras desesperadas e ininteligibles en otras."


Un trueno invade el silencio y despierto de esa breve siesta, puedo sentir el deseo de continuar viviendo ese sueño pero ​este ​se aleja y se pierde sin remedio. Pienso en la forma cómo podría atraparlo para seguir sumergida en él, pero sé que en el fondo no es más que una furtiva ilusión como tantas otras. Desearía buscar el diario, pero también sé, y de eso estoy segura que lo único que encontraría en él son un montón de páginas en blanco. Sí, un día escribí un diario, pero en él no encontré nada que llenase mi vida.

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La imagen utilizada, está tomada desde internet, desconozco su autoría.

lunes, 16 de mayo de 2016

Zapatitos




El taconeo se escucha desde la otra habitación, corretea y ríe, Elsa sabe que la encontrará jugando y metida prácticamente dentro de su armario, pero la deja un ratito más. Después, al cabo de un rato, cuando el silencio ya sea patente, irá para cogerla en brazos y llevarla hasta la cama.  Es casi como un ritual, su pequeña dibuja sonrisas y regala abrazos a manos llenas, luce esa sonrisa pícara de quien piensa que nadie la ve y que podrá “campar a sus anchas” sin una regañina. Es su princesa, su reina, su corazón, como lo son todos los hijos para sus madres, o por lo menos eso quiere creer...

- Yo no he sido mamá, de veras. –Sin tiempo a réplica la mano de su madre caía con fuerza sobre su mejilla una vez y otra. Sin mediar palabra, sólo ese silencio aterrador al que ya debería estar acostumbrada y que sin embargo jamás consigue evitar.

Pasa la mano ante sus ojos de forma inconsciente para espantar el recuerdo de aquello que invisible se dibuja ante ella, quiere olvidar ese momento, ese y otros muchos. Ahora es feliz, adora a su hija y sabe que nada ni nadie romperán la felicidad de su inocencia mientras a ella le quede un ápice de vida.

Nunca comprendió aquel odio para con ella, intentaba por todos los medios que a su madre le gustase cómo había limpiado aquel día la cocina, o como había preparado la comida, tal vez cómo brillaba el suelo o quizás cómo había guardado toda la ropa, pero jamás había nada bien hecho, no, todo tenía algún que otro detalle que para lo único que servía era de excusa y vuelta a empezar con los golpes soportados en silencio y soledad. Cuando mamá la abandonó, ella lloró aun a sabiendas de que ya nadie la pegaría, lloró por todo aquello que nunca había tenido y que sin embargo tanto deseaba, un beso, una caricia, una felicitación por su cumpleaños, una sencilla mirada con ternura.

- No volverá, ya lo sabes. –Sus familiares se afanaban por aclararle la situación, sabía a ciencia cierta que jamás la habían querido mientras su madre estuvo con ella, sin embargo ahora se volcaban para llenar ese vacío.

Sus preguntas no tenían respuestas, y si las había, eran tan esquivas como silenciosas.


Por eso ahora, cuando entra en la habitación y ve a su pequeña calzada con sus zapatos de tacón, sonríe mientras la abraza, la llena de cariños y la alza en brazos para besarla con todo su amor. Sí, eso es lo único que tiene para ella, todo el amor que tanto había deseado y jamás recibió, aunque ahora, pensándolo mejor, lo recibe con creces cada vez que mira a esa personita que tiene entre sus brazos y la llena de amor. –Mami, quiero jugar un poco más. –La mira con tanta ternura que casi es imposible negarse. –Cinco minutos y a dormir.  –La ve sonreír, sabe que la gana con sus sonrisas. Eso no tiene precio y desde luego a ella la hace sentirse sumamente feliz.


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domingo, 8 de mayo de 2016

Imposibles

Imagen: Angela Morgan

Se miró al espejo para observarse mejor, había decidido que cambiaría de aires y eso implicaba también que ella debía cambiar más o menos de imagen, no era fácil pero tampoco imposible. Aquella misma tarde había pasado por la peluquería, cortado su larga melena y también cambiado el color de su pelo. No pensaba que iba a ser capaz de hacerlo pero ahora ya no había marcha atrás.

-Supongo que conoces el dicho aquel de que aunque la mona se vista de seda... –Si, lo sé, así que no te molestes más en recordármelo. –Sabía que su amiga lo decía con la mejor de las intenciones (o no) pero en realidad había decidido que tampoco iba a dejarse llevar por lo que dijesen los demás. Esta vez ya no.

Y los días pasaron, primero fue haciéndose con el nuevo entorno de su casa, el barrio, la gente, las tiendas, después todo fue más fácil, la soledad no era tal, quizás al principio sí, a veces miraba hacia atrás y pensaba en todo lo que quedó prendido en el tiempo, ese que se alimenta de los recuerdos, pero también aprendió a que no fuesen un lastre para continuar adelante, los que ya no estaban no volverían ni el pasado volvería a repetirse,  lamentarse tampoco era la solución, por eso, aquella mañana cuando se cruzó en las escaleras con el nuevo vecino sintió que una sonrisa volvía a dibujarse en su cara sin tener que pensar en ello, y lo que era mejor si obligarse a sí misma a sonreír. Lo hizo por vez primera en mucho tiempo. No, no era preciso dejar a un lado la vida ya vivida, sino tan sólo era cuestión de aprender a vivir con ella, con lo que dolía y con lo que reportaba alegrías, sin embargo no había sido nada fácil llegar hasta allí, el camino fue duro pero había valido la pena.

Se miró al espejo y vio una imagen nueva, una que sonreía, que miraba feliz sintiéndose igual por dentro. Se enfundó con el vestido que había comprado y mirando la hora salió hasta el portal.


- Ha valido la pena esperar. –La voz del nuevo vecino la sorprendió cuando llegó a la puerta. –Gracias...Raúl. –Dijo su nombre mirándole a los ojos, brillaban al igual que los suyos.

Era una cita que surgió de imprevisto pero que a ambos sin todavía saberlo, les cambió la vida por completo. Sonrió para sí. –¿Puedo saber la causa de tu sonrisa? –Ah, es una tontería, no sé por qué me dio por pensar en una amiga y en una mona... Algo sin importancia. 

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viernes, 29 de abril de 2016

Feliz día mamá



















Se acerca el mes de Mayo, y no es que no sea bienvenido como ese agua de Mayo que todos suelen decir, pero me entristece pensarlo. Aun recuerdo como si fuese ayer tu presencia, en ocasiones con enfados y otras con sonrisas, sí, no es ningún agravio recordarte así porque es tal como eras, más bien diría como éramos. Después todo cambió, como cambia el tiempo, las personas y las presencias. No preciso un mes concreto para recordarte, no pasa un sólo día sin que tú estés en mi pensamiento, ni un momento diría, pero tal vez ahí pecaría de exagerada aunque no sé yo...

Ahora empiezo a ver los almendros en flor, sí, esas flores que a ti te tenían enamorada, las adorabas y siempre se te iban los ojos tras ellas si cruzábamos por el campo y veías alguna. 



Ni qué decir cuando veo las mimosas meciéndose al viento con esa suavidad con la que se dejan llevar, con ese susurro que parece atrapar los pensamientos, esos que me llevan a ti, a tenerte conmigo y a pensar que estás cerca aun sin estarlo, a sentir que podría acercar mi mano y tocarte, eso es lo que tanto echo de menos, sentirte cuando mis dedos querrían acariciar tu cara, peinar tus cabellos, darte un abrazo... Quizás de tu ausencia y de la de quienes más queremos es lo más duro de sobrellevar, el contacto físico... Pero tú estás, lo sé por que te siento. Por esto, precisaba escribir estas letras, por ti, por todas las madres que ya no están y sin embargo siguen estando presentes a pesar de su ausencia tan latente. 

Vienes con la primavera, me recuerdas que ahí sigues llegando como siempre, con tus sonrisas y tu mal genio (qué voy a decir de esto último si yo también lo tengo, y lo gasto, ¡que conste! Más de uno puede dar fe de lo que digo....) Sí, sé que vienes con la primavera para continuar a mi lado, como siempre.

¡Feliz día mamá!
¡Te quiero!

domingo, 24 de abril de 2016

Jirones

Imagen: Catrin Welz-Stein

Siempre lo veía pasar desde el otro lado de la verja, caminaba despacio, como si en sus pasos pudiera atrapar el espacio, el tiempo e incluso el aire. A veces cabizbajo, otras en cambio con la cabeza bien alta y la espalda erguida. Le intrigaba que fuera siempre a la misma hora y en la misma dirección, jamás le había visto regresar, no al menos por ese mismo camino. Ella estudiaba hacía ya varios años en la ciudad y vivía en ese edificio desde no hacía más de cuatro meses el tiempo justo desde que terminó la carrera y su padre accedió a que se independizase una vez aceptó el trabajo en su bufet de abogados, y si alguien le hubiera preguntado desde cuando le veía pasar, ella no habría dudado en decir que desde el primer día. Él formaba parte de su nuevo paisaje y era incapaz de separar uno y otro. -Vas a tener que conocerle. -Le insistía su amiga cuando ella volvía a mencionarlo por quién sabe qué vez más. -No sé como, me da un poco de apuro. -Y se quedaba pensativa, imaginando qué podría decirle, cómo abordarle, pero luego desistía en la idea e intentando pensar en otras cosas. 

Pero aquella mañana todo se había torcido, el despertador se paró y ella se había despertado demasiado tarde, el agua caliente no funcionaba y justo tuvo que pasar cuando ella estaba llena de jabón, odiaba el agua fría pero no tuvo más remedio, y para colmo, no hubo forma de encontrar su teléfono móvil que seguramente debió quedar en su despacho el día anterior. Salió precipitadamente de casa, llovía con suavidad y quiso entrar de nuevo a por el paraguas, sin embargo no pensó en que las hojas del otoño eran una trampa en la que muchas personas caían sin remedio, y así pasó, ella pisó y resbaló, quiso aguantar el equilibrio pero fue en vano, sus posaderas dieron de pleno en el suelo. No quería reconocerlo pero aquello era el colmo de la mala suerte, las lágrimas inundaron sus ojos, sin embargo intentó reponerse y levantarse lo más dignamente posible. -Creo que precisas ayuda. -Una voz, una mano tendida hacia la suya y alguien que la ayudó a levantarse. -Gracias. -Musitó intentando reponerse, le miró y ahí le tenía, justo delante de sus ojos. El sonrió, y ella le respondió. -¿Te has hecho daño? -Quiso saber. Y en aquel momento, se dio cuenta de que su día había cambiado por completo, ni sentía dolor ni tan siquiera pensaba en su caída. -No, no ha sido nada. De veras que no. -Entonces él, sonrió de nuevo y sin dejar de mirarla se despidió dejándola ahí de pie, pensativa e indecisa. Dudó si llamarle y preguntar su nombre, dudó si tal vez sería una buena idea, dudó y lo hizo tanto que le perdió de vista cuando él giró la esquina. Corrió pensando que ya había dejado pasar una muy buena oportunidad y cuando llegó a la otra calle se detuvo, allí estaba él, de pie y mirando su reloj, ella sonrió pero cuando estaba a punto de alcanzarle una chica salió de uno de los portales y se abrazó a él. -¡¡Tierra trágame!! -Pensó casi en voz alta al tiempo que se daba la vuelta. Después les vio pasar tomados de la mano, felices, sonrientes... Y el amor salió disparado echando a volar, escapando de su piel y llevándose a jirones toda su ilusión...

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sábado, 16 de abril de 2016

La fotógrafa


Llegó de buena mañana, paseó por las calles del pueblo y después salió a las afueras, se cruzó en su camino con un perro que se acercó curioso, la miró para luego continuar su camino como si nada. Algunas golondrinas dejaban escuchar sus trinos, pero todavía era temprano y parecían hacerlo perezosas desde sus nidos. Después, vio a lo lejos como un tractor iba renqueando cuesta arriba por el camino, el ruido del motor se perdió mucho antes de que la polvareda que había levantado se posara de nuevo en su lugar. Ella continuó caminando sin un destino fijo, había madrugado mucho porque en realidad no había casi dormido. Llevaba su cámara colgando del cuello y no tenía prisa alguna para llegar a ningún lugar. Había fotografiado al perro, el nido, el paisaje con el tractor. Eran esas pequeñas cosas que a ella le parecían importantes. -Yo no capto nada, y me lo llevo todo. Son los instantes que forman eso en lo que nadie se fija y todos recuerdan si lo ven plasmado en un papel. -Se lo decía a quienes siempre le preguntaban lo mismo. -¿Y tú qué haces con la cámara al cuello? -Esa solía ser siempre la eterna pregunta y ella sonreía, se encogía de hombros y se limitaba a decir lo que sentía.
Continuó caminando y se adentró en un prado, flores, amapolas, margaritas... Desde arriba, desde abajo tumbándose en el suelo, sentándose entre ellas. Disfrutaba cada instante, cada click de su cámara lo atrapaba. Sabía que cerca había un pequeño estanque, creía recordarlo de cuando en su infancia visitaba el pueblo con su familia. Apareció de pronto, en cuanto cruzó el pequeño grupo de árboles que había a su derecha. Se sentó emocionada. .... Hacía tanto tiempo, tantos años... Un escalofrío recorrió su piel y en aquel momento no supo cómo expresar el cúmulo de sensaciones que la envolvían. Crujió una rama a su espalda y al volverse vio una sombra escondiéndose entre los árboles. Le llamó la atención escuchar una risita infantil y decidió girarse pero por sorpresa, sin embargo al hacerlo no consiguió ver nada ni a nadie.  Las ramas se movieron y ella hizo como si no lo viera,  levantó la cámara e hizo click. -Te he pillado. -Dijo en voz alta para que quien quiera que fuese se diera por aludido. Cual no fue su sorpresa cuando vio aparecer a una niñita de unos siete u ocho años tras el tronco de uno de los árboles. Oyó esa misma risa de antes, y vio como dando saltos y correteando, fue hasta la pequeña pasarela de madera que había junto al pequeño estanque. Se levantó para acercarse hasta ella. -¿Qué haces por aquí a estas horas? -Quiso saber, sin embargo no obtuvo respuesta. 
La niña no dejaba de mirar su cámara y ella la levantó para hacerle una fotografía, sin embargo cuando miró a través del visor no vio nada ni a nadie. Hizo click por pura inercia, pero sorprendida bajó la cámara para ver dónde podía estar la pequeña. -¿Hola? ¿Dónde estás? -Gritó buscándola y no obtuvo respuesta alguna. Corrió de vuelta al pueblo, sin embargo las calles estaban desiertas, quiso llamar con su móvil pero no había cobertura. Buscó sin encontrar a nadie, ni tan siquiera el perro apareció. En su desespero, se detuvo ante la única casa que parecía podría tener a alguien en su interior, pero cual no fue su sorpresa cuando al ir a llamar vio tras su reflejo en el cristal, el de la niña del estanque, se volvió asustada y miró sus ropas que ahora estaban mojadas, sus manos que estaban llenas de barro y su carita que la miraba fijamente sin parpadear siquiera. -Tú me dejaste caer al agua, y no volviste... -Aquella voz, ahora recordaba aquella voz, su cabeza abrió de repente aquel cajón donde había guardado sus peores recuerdos, encontró el por qué de su obsesión de retener instantes, de plasmar momentos. Precisaba de ellos para forjar recuerdos nuevos, distintos a los propios y así olvidar, desechar aquello que no podía soportar. Su cámara resbaló de entre sus manos cayendo al suelo. -Yo... Yo no te dejé, yo regresé a por ti, pero no pude hacerlo, no sabía nadar, no sé nadar, nunca he logrado... -Lloraba con desespero, el mismo que aquel ya lejano día le arrebató la vida de su hermana pequeña. -Ya no importa, hoy has vuelto...

En el pequeño pueblo nunca pasa nada, pero hoy todo se ha revolucionado de una forma poco habitual, a primera hora de la mañana alguien llegó y aparcó en la plaza, nadie vio a nadie, todo continuó con su silencio habitual. Sin embargo, pocas horas más tarde encontraron a una muchacha que deambulaba perdida y aferrada a una cámara fotográfica. -Yo regresé... Yo regresé... -No dejaba de repetir sin cesar, después, sin más cayó al suelo y no hubo forma de que volviera en sí. Ahora la policía mira sin comprender, la tarjeta de la cámara que la chica llevaba en la mano, hay paisajes, flores, agua, cielo, sol, un estanque y en una de las imágenes se ve de forma indefinida, la imagen casi borrosa de una niña con un bonito traje blanco, sin embargo está de espaldas por lo que resulta imposible saber quién es. Preguntando por el vecindario, nadie sabe dar razón de ninguna niña por mucho que la fecha de la imagen indique que es del mismo día que apareció aquella muchacha. Tal vez deberían indagar un poco en el pasado de aquel pueblo, quien sabe si algún día lograban desentrañar el misterio.

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